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La
liberalización del sector inmobiliario implica la
aparición de la libre competencia en el campo de la
intermediación inmobiliaria, y esto ha obligado a
los intermediarios a convertirse en unos profesionales
altamente competitivos.
El nuevo asesor inmobiliario debe ser un profesional
con una sólida formación en los aspectos técnicos
y legales de su sector, capaz de responder a cualquier
cuestión que tanto los propietarios como los compradores
puedan plantearle. Pero, además, en tanto que la agencia
inmobiliaria actual es, ante todo, una empresa de
servicios, los profesionales que trabajan en ella
deben tener una buena preparación en técnicas de marketing
inmobiliario, habida cuenta de que los clientes son
cada vez más exigentes y sólo mantienen relaciones
comerciales con aquellos profesionales que muestran
una mayor formación y ofrecen un mejor servicio.
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